martes, 10 de abril de 2012

Recordatorio: mañana comienza ciclo de conferencias "Arquitecturas del clasicismo en Madrid"

Recordatorio: mañana comienza ciclo de conferencias "Arquitecturas del clasicismo en Madrid"



Arquitecturas del clasicismo 
en Madrid

Salón de actos
LASEDE
Fundación Arquitectura COAM
c/ Hortaleza, 63

Comisario del ciclo
Pedro Moleón

11 de abril de 2012, 19:30 h.
Madrid 1622-1656. La arquitectura de la ciudad entre dos planos

Profesor: José Manuel Barbeito
Tras el regreso en 1606 de la corte a Madrid, la ciudad emprendió un vasto programa de construcciones públicas tratando de transformar su imagen urbana para ponerla a la altura de la importancia política que correspondía a la capital de los Austrias. En ese terreno confluyen los intereses de la Villa y de la monarquía, con lo que las obras madrileñas son indisociables de la corona en la misma medida que las obras  del rey lo son de las de la ciudad. Entre estos dos planos recorreremos de uno a otro extremo Madrid. Empezando en el alcázar, donde entre 1608 y 1622 la Villa va a pagar la construcción de la nueva fachada barroca, siguiendo por la plaza Mayor, reconstruida entre 1617 y 1620 como formidable teatro donde el rey pueda dejarse ver por el pueblo, y terminando en el palacio del Retiro, levantado a partir de 1633 como lugar de ocio y descanso para el monarca.




Ver noticia en fundacióncoam.es

Sobre el Convento de las Góngoras, Chueca

"Monjas que velan por el Patrimonio"

Artículo publicado por Patricia Gosálvez  en EL PAIS el 31 de marzo de 2012:

El convento se construyó con treinta celdas pero hace tiempo que solo hay ocho monjas de clausura. “Salvo las camas, las celdas son iguales que hace 350 años”, dice la mercedaria Imelda, una joven monja guatemanteca que lleva del brazo a la madre Purificación, superiora del convento. Ella entró con 28 años y va a cumplir 78. “Entonces el edificio estaba más deteriorado”, cuenta, “lo hemos ido arreglando aquí y allá, intentando siempre que las obras no desentonasen”. Hoy, el convento de las Mercedarias Descalzas de la Purísima Concepción, más conocido como Las Góngoras, tiene ascensor y ventanas Climalit, pero se conserva casi idéntico a como era cuando fue construido en 1663. Un ejemplo excepcional del barroco madrileño, que tras una fachada “casi pobre en su sencillez” (según la Guía del Colegio de Arquitectos de Madrid), esconde una iglesia de suntuosa decoración y un convento sobrio entorno a un luminoso y armónico patio, donde las monjas salen a comer en los días soleados. Por todo ello acaba de ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC). “Es un orgullo y lo dará a conocer”, dice la madre superiora, “pero esperamos que no altere nuestro ritmo de vida ni nos quite del rezo”.
De momento, las monjas reciben a la prensa acompañadas por Ana de Miguel y Luis Lafuente, dos subdirectores de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, además de por un arquitecto y una historiadora de la consejería. El edificio ha recibido inspectores y expertos durante los 15 meses que dura el proceso burocrático de declaración de BIC, proceso que arrancó allá por 1977 y volvió a ser incoado en 1992. “¡Los arquitectos y los albañiles son los únicos que entran hasta donde quieren en los conventos de clausura!”, bromea la madre superiora, matizando, “siempre que sea necesario, claro”.
“Es fundamental compatibilizar la vida de la comunidad con la difusión y protección del inmueble protegido”, explica De Miguel. “La declaración de BIC es, en parte, un reconocimiento a la propiedad, a lo bien que han conservado el edificio todos estos siglos”.
Las Góngoras era uno de los más grandes entre los muchos conventos que había en el Madrid del XVII, y es uno de los pocos que ha llegado tal cual a nuestros días, sobreviviendo a exclaustraciones y desamortizaciones. La razón: las propias monjas. “La continuidad del uso es lo que ha conseguido que se conserven elementos originales como las contraventanas, las puertas o los herrajes”, explica Lafuente, “los edificio privados se acaban vendiendo por partes, y no todos pueden convertirse en Paradores…”.
¿Para qué le sirve a un edificio bien conservado ser BIC? “La declaración lleva aparejado un apoyo financiero y fiscal”, explica De Miguel. Los BIC están exentos del Impuesto sobre Bienes Inmuebles, se les reduce el IRPF de las obras y pueden acceder a fondos de Fomento o de la Comunidad de Madrid. Tienen “prioridad en las políticas públicas”; es decir, suenan. Y se dan a conocer, algo que no le vendría mal a este convento, que oculta tras su humilde muro una iglesia espectáculo, puro barroco, levantada por Manuel del Olmo, que también realizó junto a su hermano José las Comendadoras.
En el centro de la iglesia hay una cúpula desproporcionada, que aumenta la espacialidad escenográfica: como la cúpula es más ancha que la nave, en vez de apoyarse sobre pechinas triangulares y esquinas, lo hace sobre trapecios y chaflanes. El espacio teatral resultante se llena de exuberantes elementos decorativos: esculturas, tallas, policromías, festones, cartelas y retablos de vivos colores y dorados que juegan con la luz para crear dramáticos efectos. El convento también esconde un curioso desliz: el sobrenombre Las Góngoras hace referencia a Juan de Góngora, su patrono fundador, gobernador de la Hacienda Real, Contaduría Mayor y Tribunales en tiempos de Felipe IV. Sin embargo, en 1961 el Ayuntamiento le dedicó erróneamente la calle en la que se encuentra el edificio a Luis de Góngora, el poeta. Nada que ver.
De todas formas, las monjas se asoman poco a la calle con nombre de poeta. “Solo para lo necesario”. Del mundo de fuera les llegan los ecos, sobretodo “de algunas fiestas del barrio cuya música hace retumbar todo el edificio”, dice la madre superiora con un guiño (se refiriere al Orgullo de Chueca).
Antes de quedarse solas de nuevo en la Iglesia, las monjas señalan que, a punto de dar las seis, un rayo de sol va a posarse sobre la Inmaculada. Lo lleva haciendo 350 años, sólo para sus ojos.

Madrid: ‘La vanguardia aplicada’ en la Fundación Juan March

Extraordinaria y completísima exposición, que merece la pena


Artículo publicado por Arquitectura Viva.com


Hasta 1 de julio, se puede visitar en la Fundación Juan March de Madrid ‘La vanguardia aplicada (1890-1950)’.  Una exposición que gira en torno al espíritu transformador de las vanguardias históricas, desde sus antecedentes en la última década del siglo XIX y durante la primera mitad del XX,  y su influencia en el diseño gráfico y la tipografía, analizando el fuerte impacto que supusieron para campos tan variados como la propaganda política e ideológica, la publicidad, la arquitectura, el diseño urbano, el interiorismo, el cine o la fotografía. La muestra reúne una selección de casi 700 obras —entre fotomontajes, libros, revistas, carteles, postales, folletos o maquetas—  de 250 artistas, entre los cuales Oskar Kokoschka, El Lissitzky, Lászlò Moholy-Nagy, Aleksandr Ródchenko, Kurt Schwitters o Theo Van Doesburg.




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lunes, 26 de marzo de 2012

Ciclo de conferencias FUCOAM: "Arquitecturas del clasicismo en Madrid"

Conferencias organizadas por la Fundación COAM. 


Comisario del cicloPedro Moleón 


11 de abril de 2012
Madrid 1622-1656. La arquitectura de la ciudad entre dos planos
Profesor: José Manuel Barbeito Tras el regreso en 1606 de la corte a Madrid, la ciudad emprendió un vasto programa de construcciones públicas tratando de transformar su imagen urbana para ponerla a la altura de la importancia política que correspondía a la capital de los Austrias. En ese terreno confluyen los intereses de la Villa y de la monarquía, con lo que las obras madrileñas son indisociables de la corona en la misma medida que las obras  del rey lo son de las de la ciudad. Entre estos dos planos recorreremos de uno a otro extremo Madrid. Empezando en el alcázar, donde entre 1608 y 1622 la Villa va a pagar la construcción de la nueva fachada barroca, siguiendo por la plaza Mayor, reconstruida entre 1617 y 1620 como formidable teatro donde el rey pueda dejarse ver por el pueblo, y terminando en el palacio del Retiro, levantado a partir de 1633 como lugar de ocio y descanso para el monarca. 



18 de abril de 2012
Arquitecturas para el Madrid liberal. 1820-1850
Profesor: Pedro Moleón
Este año se cumple el bicentenario de la Constitución de Cádiz (1812-2012). En un primer momento no hubo en Madrid una arquitectura destinada a acoger el régimen unicameral instaurado por esa Constitución y habría que esperar al Trienio Liberal (1820-1823) para que fuera jurada por el rey en un primer Salón de Cortes (hoy edificio histórico del actual Senado) que debió su forma al arquitecto mayor de Fernando VII, Isidro Velázquez. Después, el Estatuto Real (1834), la restauración de la Constitución de Cádiz (1836) y otra nueva Constitución (1837) encontrarían en los arquitectos Francisco Javier de Mariátegui y Tiburcio Pérez Cuervo a los creadores de los nuevos espacios destinados a los próceres y procuradores de los estamentos de un régimen bicameral ya consolidado. Más tarde, Narciso Pascual y Colomer gana el concurso convocado en 1842 para proyectar el actual Congreso de los Diputados, cuya obra concluye y es inaugurada en 1850. Sobre los primeros salones de Cortes del Madrid liberal y sobre sus arquitectos tratará esta conferencia. 



25 de abril de 2012
La arquitectura madrileña de Luis Moya Blanco y la cultura tardoclásica Europea
Profesor: Antón Capitel.
La intervención expondrá la arquitectura clásica y moderna realizada sobre todo en Madrid por el arquitecto Luis Moya Blanco, relacionando su figura con los grandes arquitectos europeos del clasicismo tardío, tales como Lutyens, Perret, Muzio, Böhm y Plecnik. Y tratando así de ver a este singular arquitecto, no tanto dentro de la arquitectura propia de la dictadura franquista, tal y como ha sido tópicamente tratado, sino en relación con la gran cultura clásica tardía del siglo XX europeo. 



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viernes, 23 de marzo de 2012

Rafael de La-Hoz, Hospital Rey Juan Carlos en Móstoles

Artículo publicado por Arquitectura Viva.com el 22 de marzo de 2012


Ayer se inauguró en la localidad madrileña de Móstoles el nuevo Hospital Rey Juan Carlos, un edificio construido por el estudio de Rafael de La-Hoz cuyo diseño busca responder al programa funcional dando especial importancia a la escala humana, el control del soleamiento y la calidad de los espacios destinados a enfermos y familiares. El nuevo hospital está formado por dos elementos vinculados: un zócalo estructurado en tres módulos paralelos que aloja las unidades asistenciales, ambulatorio, diagnóstico y tratamiento y, sobre él, dos coronas de forma ovalada, visibles desde la autopista de acceso principal al complejo, destinadas a las unidades de hospitalización. Estas áreas, que requieren una atmósfera luminosa y tranquila, quedan así elevadas sobre una cubierta vegetal visible desde las habitaciones, y separadas de la actividad de las áreas funcionales. Igual que las dos torres, el vestíbulo adquiere un fuerte contenido simbólico. Concebido como una calle interior,  un espacio de triple altura acristalado en cubierta combina las áreas comerciales y cafeterías con las áreas de admisión, información y accesos a los distintos servicios ambulatorios, de docencia y de diagnóstico. Con una superficie de 95.000 metros cuadrados, el centro dispone de 260 habitaciones individuales, 47 consultas, diez puestos de hospital de día y doce de diálisis. 


Rafael de la Hoz


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lunes, 19 de marzo de 2012

Conferencia "un círculo es un círculo". Juan Mera

Estimados amigos, el próximo jueves 22 de marzo está prevista una clase abierta al público del profesor y subdirector de la escuela de Arquitectura de Toledo, Juan Mera.

La clase titulada "un círculo es un círculo" tendrá lugar en el edificio 21 a las 17.30 horas.



domingo, 18 de marzo de 2012

CASAS GUARDADAS EN CAJAS

Artículo publicado por Patricia Gosálvez en EL PAIS, 17 de marzo de 2012
Dentro de un tubo de cartón cabe todo un bloque de viviendas. Y no uno cualquiera. En las casas de la calle de la Basílica Julio Cano Lasso quiso recuperar, a principios de los setenta, el buen hacer de la arquitectura racionalista de los primeros años treinta. Son pura contención en ladrillo. Unas casas económicas hechas con oficio, equilibrio, sencillez y funcionalidad desnuda en la que las bay windows (miradores poligonales) marcan el ritmo geométrico. Dentro del tubo hay decenas de planos y bocetos de ellas. “Había más, pero se han ido perdiendo...”, suspira Diego Cano Lasso, uno de los ocho hijos que tuvo el arquitecto. Cuatro eligieron la misma profesión, quizá por ello han conservado con mimo el archivo del padre; un centenar de proyectos, la mitad construidos, que se almacenan en tubos de cartón naranja, en una cajonera y en un sin fín de cajas repartidas por el estudio familiar. El hijo del arquitecto desenrolla con cuidado el contenido del tubo: hay desde bocetos a mano alzada sobre folios llenos de notas hasta limpísimos planos técnicos pasados a tinta sobre quebradizo papel vegetal. De una caja conservada en un cuarto que hace doblete como “archivo muerto” y bodega de vino sale una colección de fotos en blanco y negro de la obra recién acabada. “Cada tanto tiempo nos llama alguien que está investigando la obra de mi padre y es un latazo tener que ponerse a desempolvar”, dice Cano Lasso. “Lo ideal sería tenerlo todo digitalizado, pero es demasiado trabajo y demasiado dinero”. Así que, como tantos otros archivos de arquitectos españoles, el de Cano Lasso permanece disperso en cajas y tubos, conservado solo gracias al interés y el esfuerzo de la familia.
La documentación de la arquitectura del siglo XX existe en un limbo; lo anterior está valorado y conservadísimo, lo posterior también, ya que se proyectó con herramientas digitales”, explica Teresa Couceiro, directora de la Fundación Alejandro de la Sota, que ha digitalizado y puesto en Internet 3.000 de los 16.000 documentos del genial arquitecto. “Este problema se ha puesto en evidencia en la última década, cuando fallecieron todos los maestros de esa época”, explica Couceiro. “Desde entonces las familias se encontraron con valiosos archivos y una pregunta, ‘¿Qué hacemos ahora con todo esto?”. Algunos acudieron a los Colegios de Arquitectos (“pero estos no dan abasto”) o los depositaron en universidades; los menos crearon fundaciones para conservarlos y muchos los guardan en casa, más o menos ordenados, cogiendo polvo y tiempo a la espera de un largamente prometido Museo de la Arquitectura. Para evitar que este patrimonio se acabe perdiendo, estropeando o simplemente quedando sepultado en áticos y sótanos privados, la Fundación Alejandro de la Sota, con ayuda del Ministerio de Cultura, ha lanzado el portalwww.archivosarquitectos.com, para aunar los esfuerzos de estos archivos dispersos. El objetivo final: “Trasladar nuestra experiencia a otros archivos”, dice Couceiro, “con la metodología y las herramientas que hemos desarrollado en los 10 años, se podrían digitalizar archivos completos en un par de años y a la mitad del coste”. Lo que falta se reduce a una palabra y varios ceros: dinero.
Gracias a un archivo digitalizado y accesible se publican cada año un par de tesis internacionales sobre Alejandro de la Sota. Porque como para cualquiera, para un arquitecto del siglo XX, por muy grande que fuese, que su trabajo esté en Internet y sea fácilmente accesible, significa que su trabajo existe. Pero, ¿si un edificio está construido, y, por tanto, ya existe, cuál es el valor de un montón de planos amarillentos?, se podría preguntar un lego. “La documentación de un proyecto arquitectónico es como la partitura de un músico”, explica Diego Cano Lasso. En ella se ven los procesos y los descubrimientos, las ideas que siempre estuvieron allí y las que se cambiaron. Las anotaciones y los tachones. “En un plano se puede ver si el arquitecto era más racional o más temperamental, si era un detallista o si sabía dibujar...”, añade Cano Lasso sujetando un alzado de la fachada de la calle Basílica. El plano está en color, tiene dibujadas las sombras de las bay windows, los reflejos del cristal y la rojiza enredadera ampelopsis, contra la que, según cuenta Cano Lasso padre en uno de sus muchos escritos, se confabularon los porteros de la finca, para poner “plantas más elegantes”. Él prefería las soluciones sencillas y hermosas. En otro papel que sale de una caja hay un boceto del edificio con unas notas escritas a un lado en las que el arquitecto reflexiona sobre la necesidad de recuperar los patios de manzana para hacer más habitables las ciudades. “Con muy poco se podría conseguir muchísimo”, acaba el apunte. Es de agradecer que sus hijos hayan guardado este papelote durante durante cuarenta años. Porque esos garabatos también son arquitectura.